PAUSE

Como ahora es invierno voy a aprovechar para hacer una pausa en las entradas de los parques temáticos, que casi todos están de vacaciones por ser ésta la época en la que tienen menos clientes y vuelven a abrir en Marzo (como es el caso del Parque Warner) o en Abril (como Port Aventura). Seguiré su ejemplo y El Placer de viajar volverá a abrir sus puertas a comienzos de abril con esa continuación del ‘Especial Parques Temáticos’ y con muchos viajes más.

¡¡Os espero!!

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Hoy conocemos: Port Aventura

Comenzamos el especial de Parques Temáticos con Port Aventura, el más visitado de todos los parques españoles. El formato de análisis será el siguiente. Toooodos los parques serán analizados en cuatro apartados: localización (donde está el parque), experiencia (atracciones e impresión general de lo que es el parque), lo mejor y lo peor (virtudes y cosas a mejorar de cada parque). Para los que estéis interesados en visitar Port Aventura solo decir que 3,2,1… ¡¡Comenzamos!!

Localización:

Salou, Tarragona (España)

Experiencia:

Ir a Port Aventura es una de las mejores decisiones que vas a tomar en tu vida. Un día de diversión, de risas, de tranquilidad y/o de aventuras. Y vaya aventuras. Al ser un parque bastante rentable, en Port Aventura nunca dejan de innovar así que cada visita es diferente a la anterior. Yo fui en 2013 y el Shambala acababa de ser inaugurado. Es la mejor atracción en la que me he subido nunca (hasta la fecha). La montaña rusa con la caída más alta de Europa no deja a nadie indiferente y a ti tampoco te dejará.

foto port aventuraLa entrada al Shambala, ese lugar perdido en el Himalaya que yo diría que es la mejor atracción del mundo

La calidad de las atracciones quizá sea lo que marca la diferencia respecto a otros parques temáticos, pero es que además todo está muy cuidado: las distintas zonas en las que se divide el Parque (Mediterránea, Polynesia, China, México y Far West) están muy bien recreadas y te dará la impresión de estar dando la vuelta al mundo sin salir del recinto. Como en casi todos los parques hay lujosos hoteles que facilitarán la visita si te los puedes permitir. Port Aventura es una opción genial para mayores (con atracciones fuertes o muy fuertes como el Dragon Khan, el Furius Baco o el Tren de la Mina) y para los más peques de la casa, con otras bastante más suaves que harán las delicias de todos los públicos. Además, ahora han abierto el FerrariLand y cabe destacar también que los espectáculos son de gran calidad: desde el que te encuentras en el Templo del Fuego hasta el musical que celebran en el auditorio (no recuerdo el nombre) o los espectáculos que representan en la cantina mexicana. Divertidisimos.

LO MEJOR: 

-Atracciones de gran calidad (El Shambala, el Dragon Khan, el Tren de la Mina… la lista es inmensa).

-Hay paneles en varios lugares del parque donde te dicen el tiempo de espera de las principales atracciones (porque en este tipo de visitas no es lo mismo esperar 8 minutos que 80).

-Muy buenos espectáculos (elijas el que elijas acertarás seguro).

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Disfrutando a tope del espectáculo en la cantina mexicana

LO PEOR:

-Las colas (en temporada alta no es nada extraño encontrar colas de 1 y de 2 horas para subirse a las atracciones más populares).

-Precio alto (una visita a Port Aventura no es lo que se dice barata).

-No poder quedarse a vivir allí.

Las diez mejores atracciones de los Parques Temáticos Españoles

Foto: Port Aventura

 

 

Vuelven las actualizaciones de El Placer de Viajar con unos consejos a la hora de visitar unos de mis sitios de recreo favoritos: los parques temáticos y parques de atracciones 🙂

Debo reconocer que en este tema sigo siendo un niño. No me cuesta reconocer que me encanta ir a estos lugares y perderme entre columpios que me hacen vivir experiencias muy diferentes a las del día a día. Hoy en día me atrevo a montarme en los más peligrosos, no sé hasta cuando durará mi “valentía”. Así que si no le tienes miedo a las alturas y quieres pasar un día en grande comenzamos desde YA el repaso (ordenado) a las diez mejores atracciones de los parques españoles:

  1. SHAMBALA (Port Aventura)

La reina de todas las atracciones españolas es la montaña rusa más alta de Europa (76 metros) y con la caída más alta de Europa (78 metros). De las poquitas atracciones que superan los 130 km/h, son dos minutos en los que te quedas sin respiración. Los primeros 10-15 segundos son muy placenteros pues vas subiendo a lo más alto de Port Aventura y puedes contemplar unas vistas maravillosas de Salou, Tarragona y casi me atrevería a decir que gran parte de la Costa Brava. Todo cambia cuando llegas arriba. Lo que estaba siendo un tranquilo viaje de placer se convierte en una caída BESTIAL que no te dejará indiferente.

La atracción está inspirada en el Shambala, una zona de China escondida a los pies del Himalaya. Con un ambiente perfectamente recreado al completar la primera caída la emoción no cesa pues la montaña rusa sigue girando a gran velocidad entre fuentes de agua que convierten ese momento en una experiencia  única e inolvidable. Si te gustan las emociones fuertes, el Shambala es un antes y un después.

Para vivir la experiencia del Shambala en Youtube pincha aquí

2. Sinkope (Terra Mítica)

Péndulo naranja que  gira de un lado a otro y con el que también consigues unas espectaculares vistas de la ciudad de Benidorm. No es demasiado veloz, pero es muy divertido. Terra Mítica acertó de lleno con esta atracción situada en Grecia. En su página web dicen que “no hay nada parecido” al Synkope y llevan razón. No apto para gente con miedo a las alturas.

Aquí tienes la experiencia en Youtube

3. Batman con VR (Parque Warner)

La experiencia de subirte al Batman con las gafas de realidad virtual que te trasladan a Gotham mientras el cacharro empieza a andar merece mis alabanzas y un 10/10. Todo empieza cuando el Joker hace de las suyas y te lleva hasta lo más alto de la prisión de Arkham. Ahí te arroja al vacío y sentirás que te vas a matar. Si te gusta el hombre-murciélago y te gustan las sorpresas esta atracción te sorprenderá. Recomiendo hacerla con gafas porque sin ellas no me impactó de la misma manera.

Aquí tienes la experiencia en Youtube

4. Superman (Parque Warner)

En mi opinión un Shambala algo más suave. Tiene menos velocidad, unas vistas menos atractivas y una sujeción que no te da tanta sensación de libertad como la otra, pero te lo pasarás en grande y puede que pienses como yo: que es la hermana pequeña de la otra.

superman.jpgEn la redacción del Daily Planet antes de montarme en Superman.

5. Tornado (Terra mítica)

Sillas colgantes situadas a 80 metros de altura a la entrada de Roma. ¿Qué puede salir mal?

6. Dragon Khan (Port Aventura)

La atracción más icónica de Port Aventura está llena de velocidad y de loopings que te dejan sin respiración. A mí, por la cantidad de veces que la he visto en la tele, me recuerda a los noventa. Pero tengas la edad que tengas si lo que te gusta es estar boca abajo como un murciélago aquí te vas a sentir contento y feliz.

7. Hotel Embrujado (Parque Warner)

El encanto de esta atracción consiste en no saber lo que va a pasar, así que no daré muchas pistas de lo que os espera a la entrada al hotel. Eso sí, os dejo un consejillo que os puede ser útil para que no hagáis cola tontamente: no permiten completar este viaje a las mujeres embarazadas y a las personas con problemas de corazón. ¿Te atreves a entrar al hotel?

8. Tren de la mina (Port Aventura)

Lo que podría haber sido el Colossus de Terra Mítica (más o menos). Diversión a tope y velocidad en un enclave tan bien caracterizado como solo los Muchachos de Port Aventura saben hacerlo.

9. Los rápidos (Parque de Atracciones de Madrid)

En todos los parques hay una atracción de agua que nos encanta (sobre todo si es verano).  En el Parque de Atracciones de Madrid Los Rápidos son una garantía de diversión para toda la familia.

10. Stunt Fall (Parque Warner)

Esta atracción es un boomerang porque tiene principio pero no tiene final. Haces un recorrido hacia atrás y hacia adelante. Y lo haces a más de 100 km/hora con unos giros imposibles que te dejarán sin aliento. Solo para valientes.

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Cinco reflexiones de mi primer viaje a África

Foto en el Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica)
Rompo mi parón veraniego para compartir con vosotros algunas reflexiones tras mi primera visita al continente africano. El más bello, el más enérgico, el más fascinante y quizá también el más peligroso. Allá van cinco reflexiones que hablan por sí solas y que a su vez servirán de introducción a los artículos más detallados que publicaré en los próximos meses. ¡Salud!
1) El desconocido hombre blanco: Hay muchos países que bastante tarea tienen con arreglar la pobreza en la que vive su población como para pensar en atraer turistas. Uno de ellos es Etiopía, donde tuvimos que hacer una escala de un día antes de aterrizar en Sudáfrica. Allí el turismo no es nada habitual y los hoteles brillan por su ausencia. La capital de Etiopía, Addis Abeba, es un inmenso caos de coches, motos y furgonetas en el que cada uno vive como puede. Los carteles publicitarios de Ronaldinho anunciando Pepsi te hacen sentir que has viajado en el tiempo. Y la extrañeza de la población local al ver a un hombre blanco paseando por sus calles te hacen sentir que estás en un país muy lejano.
2) La obscena desigualdad que te rompe el alma: Según reflejan estudios recientes Sudáfrica es uno de los 3 países con mayores tasas de desigualdad de todo el mundo. Hay una población, mayoritariamente blanca, que vive bien y otra, mayoritariamente negra, que malvive por todo el país y son muchos (muchísimos) los que deben recurrir a medidas desesperadas como la mendicidad o el trabajo no remunerado. Solo basta con vivir allí 24 horas para darte cuenta de que económicamente hablando el país sigue dividido en dos y harán falta muchos años, quizá siglos, para que el país más poderoso de África les ofrezca a todos sus habitantes las mismas posibilidades. De momento los semáforos están llenos de gente pidiendo, muchos de ellos niños, y las carreteras repletas de gente que vive en la periferia y que tiene que ir andando a la gran ciudad, lo que hace viable algo impensable en Europa: que haya personas que crucen a pie la autovía para desplazarse de un lugar a otro.
3) Naturaleza en estado puro: Memorias de África nos hizo soñar con la oportunidad de perdernos indefinidamente en Kenia y lo cierto es que todos los países del continente africano tienen recursos naturales como para enamorar a cualquiera. En África he visto en libertad animales que hasta entonces solo podía ver en sueños o en películas (como el búfalo o el pingüino africano) y también he visto los atardeceres más bonitos que he contemplado jamás. En Lesotho, un reino en las nubes como ellos mismos se definen, he podido contemplar la majestuosidad de las cataratas Matsuyane, huellas de dinosaurios y también he cruzado la frontera más alta del mundo: la que une a este diminuto país con Sudáfrica por la región de Sani Pass, cuya altitud es de más de 3.200 metros.
4) El espíritu de Madiba que ilumina a todos: En Sudáfrica la figura de Nelson Mandela sigue muy viva. Su rostro está presente a la entrada de grandes ciudades y en las portadas de los diarios del país, especialmente volcados en el aniversario de su nacimiento (18 de julio). Su legado es un regalo para el país y para la humanidad: mediante el diálogo y la concordia logró el fin del apartheid y la igualdad de derechos entre blancos y negros. Sus enseñanzas deben continuar expandiéndose por el bien del país ya que Madiba decía que la educación es “el arma más poderosa” y hay graves carencias educativas en Sudáfrica que terminan llevando a muchos niños a mendigar y a muchos jóvenes a delinquir.
5) Grandes problemas en las grandes ciudades: la escasez de agua en Ciudad del cabo y la violencia en Johannesburgo
Nada más llegar al aeropuerto de Ciudad del Cabo te recibe un cartel con un mensaje claro y conciso: Ahorra Agua. Los problemas de malgastar ‘el oro azul’ llegaron hace años a esta ciudad, que tiene limitados los horarios de uso de agua a sus habitantes. Allí si te quieres duchar a las 2 de la mañana no puedes, porque no hay agua. Los hoteles funcionan de otra forma (en el nuestro sí había agua las 24 horas) pero también piden encarecidamente a sus clientes que no malgasten el agua. No prolongar duchas que pueden suponer minutos de placer a una persona y años de drama a una ciudad que lucha a contrarreloj para no ser la primera del mundo en quedarse sin abastecimiento de agua. En Johannesburgo el gran problema es la violencia y la delincuencia. La que fuera denominada como “ciudad más peligrosa del mundo” a mediados de los 90 es a día de hoy un reflejo de la dramática situación de pobreza que se vive en muchos países de África. Aconsejo sobre todo evitar el centro de Johannesburgo. Es inseguro de día y muy inseguro de noche. Nosotros teníamos allí nuestro hotel y una banda de alrededor de 15 personas nos robó todo lo que llevábamos encima nada más bajarnos del taxi que nos dejaba en la puerta del Bussinesberg Hotel, donde nos trataron fatal (se ve que ya están acostumbrados a este tipo de escenas y no quieren problemas con los ladrones). Que después de esto te expliquen que es necesario agradecer que el robo fuese “pacífico” y que nadie llevase una pistola encima para primero dispararte y después robarte plantea una reflexión muy profunda. Para quienes visitéis Johannesburgo pronto (a fin de cuentas es una de las principales puertas de entrada y de salida del país) repito, por su importancia, dos consejos que son muy útiles: no piséis por la noche el centro de la ciudad y no reservéis alojamiento en esta zona, donde mucha gente sin recursos opta por vivir con todo aquello que consiguen sustraer a los turistas.

Cinco pueblos de Granada que deberías visitar sí o sí

Granada es mucho más que ver La Alhambra. La provincia es rica en lugares históricos, con tradiciones particulares y en ocasiones bendecidos por una belleza natural que abruma. Al no haberlos visto todos seguro que me dejaré alguno interesante fuera, pero allá va mi lista de 5 pueblos de Granada que os recomiendo visitar sí o sí:

  1. Guadix: Su catedral, en pleno corazón de este pueblo que es una pequeña ciudad, es una de las joyas del barroco seguramente a nivel nacional. Pensada por Diego de Siloé (arquitecto que también participó en la construcción de la Catedral de Granada) es una joya arquitectónica que nada tiene que envidiar a las de otras ciudades. Su construcción data del s.XVII y su grandeza seguramente te va a sorprender. Está situada a escasos tres minutos andando del parque Pedro Antonio de Alarcón, lugar donde los más jóvenes -y los no tan jóvenes del pueblo- se reúnen para charlar y jugar en los columpios. En esta misma zona se instala la Feria de Guadix la primera semana de septiembre, muy concurrida por ser la más importante de la comarca. De Guadix además de su catedral llama mucho la atención el barrio de las casas-cueva (hay un centro de interpretación en el que seguramente harán tu paseo a pie o en coche mucho más agradable) y en la estación de tren hay una exposición en la que se celebra el 30 aniversario del rodaje de ‘Indiana Jones y la última cruzada’, que tuvo lugar en la localidad accitana, donde también se han rodado otros importantes films como “El bueno, el feo y el malo”, “Doctor Zhivago”, “Rojos”, “El viento y el león” o “Mi nombre es ninguno”.
  2. Lugros: Pueblo desconocido por muchos por estar apartado del mundanal ruido (allí terminan todas las carreteras) y porque su número de habitantes es bastante reducido (200 aproximadamente) ambas cosas hacen que su encanto vaya aún más en aumento. Es un pueblo que se encuentra a las faldas del Parque Nacional de Sierra Nevada, por lo que es una oportunidad estupenda de vivir en armonía con la naturaleza, lejos de los ruidos y de la contaminación. Arquitectónicamente su Iglesia en la Plaza de España (“la plaza del pueblo” como se suele decir en estos casos) no es ninguna maravilla, pero la gran variedad de estilos de casas y de rutas senderistas con inmejorables vistas hacen de este pueblo un lugar inolvidable. Está a 15 minutos en coche de Guadix así que os recomiendo que, si vais desde Granada, en vez de ir por la autovía paséis por la antigua carretera, que os permitirá visitar La Peza antes de llegar a Lugros. Si vais desde Guadix hay una carretera que une directamente ambos municipios. Mucha gente conoce Lugros porque acoge “El bosque encantado”, una ruta que hará las delicias de los amantes de la naturaleza por sus vistas a Sierra Nevada, por sus paisajes tan diferentes en las cuatro épocas del año (invierno, primavera, verano y, sobre todo, el otoño) y no por ser lo último es lo menos importante: porque junto a la dehesa del camarate hay numerosas vacas y toros que viven en armonía con la naturaleza y que los visitantes pueden mirar de cerca y en algunos casos incluso hasta acariciar (nota: asegurarse antes de que las vacas están acostumbradas al contacto con los humanos. No me hago responsable de ningún accidente ;).
BOSQUE ENCANTADOPues sí, este espectacular paraje es el bosque encantado de Lugros

3. Santa Fe: El pueblo más imprescindible del área metropolitana. Ante todo nos encontramos ante un lugar en el que cambió la historia de la humanidad. Allí los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla firmaron las llamadas “Capitulaciones de Santa Fe”, que dieron lugar a que el navegante genovés Cristóbal Colón iniciase una aventura rumbo a las Indias que acabaría siendo la que lo llevara a descubrir América. Según la Wikipedia estas capitulaciones “recogen los acuerdos entre los reyes y Cristóbal Colón relativos a la expedición a las Indias. Significaron un reparto anticipado entre ambas partes sobre las condiciones y los beneficios que reportaría la conquista de América. Así, en este documento se le otorgan al navegante genovés los títulos de almirante, virrey y gobernador general en todos los territorios que descubriera o ganase durante su vida, así como la décima parte de todos los beneficios obtenidos, nombrando como herederos a sus sucesores de forma vitalicia. También se le concedió un diezmo de todas las mercaderías que hallase, ganase y hubiese en los lugares conquistados. Están firmadas por el secretario de Fernando y hombre de confianza, Luis de Santángel. En julio de 2009, el Comité Asesor Internacional del Programa “Memoria del Mundo” de la UNESCO, a propuesta del Ministerio de Cultura, acordó incluir las “Capitulaciones del Almirante don Cristóbal Colón” (1492) -conocidas popularmente como “Capitulaciones de Santa Fe”-, en este registro destinado a la preservación y difusión de los testimonios documentales de excepcional valor y relevancia del Patrimonio Documental Mundial. El célebre documento, de carácter contractual, es uno de los más trascendentales de la historia universal y se encuentra en el Archivo de la Corona de Aragón”.

Pero no solo de historia vive el hombre. La Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, situada junto al lugar donde se firmaron las ya citadas Capitulaciones de Santa Fe, es uno de los templos más bonitos de la provincia. Además, las puertas de acceso a la ciudad siguen estando en pie, por lo que aparcar el coche donde buenamente se pueda y visitar el casco histórico de la localidad santaferina a pie es una estupenda idea sea cual sea la época del año. Si además esa visita coincide con el mercado medieval (que este 2018 se ha celebrado en abril), el atractivo de este pueblo a cinco minutos en coche de Granada se multiplica por diez.

4. Lanjarón: El pueblo que da la bienvenida a aquellos que visitan La Alpujarra desde la capital granadina. Seguramente haya otros escondidos entre las montañas de Sierra Nevada que también merezcan estar en esta lista, pero Lanjarón es el que más conozco y lo tiene todo: baños termales, un castillo árabe con fabulosas vistas (debió tener gran valor estratégico en la Guerra de Granada) y la mejor agua de España. Como ya he dicho antes conecta con otros pueblos de la Alpujarra como Órgiva o Trévelez y en la noche de San Juan su popular ‘Fiesta del agua’ congrega a miles de personas por sus calles, que se divierten en una guerra acuática en la que todo esta permitido. ¡Ah! La visita al castillo es gratis 😉

5. Montefrío: La revista National Geographic dijo de Montefrío que su principal mirador, en el que se aprecia el pueblo en todo su esplendor, tenía una de las 10 mejores vistas del mundo y ahora el citado mirador se llama ‘National Geographic’. Al igual que ocurre con Lugros, Montefrío es un pueblo bastante apartado de todos sitios y eso aumenta su encanto. Tanto el castillo árabe como la Iglesia de la Encarnación (un impresionante templo con cúpula redonda que está inspirado en el Panteón de Roma) harán las delicias de cualquier visitante, que se llevará mucho más de lo que espera. La amabilidad de sus gentes es otro punto a favor de este precioso lugar de la geografía granadina que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico Nacional en 1982. En casi todas las guías con ‘los pueblos más bonitos de España’ aparece Montefrío. Y no les falta razón.

20160505_204357Impresionantes vistas de Montefrío desde el Mirador ‘National Geographic’.

Conclusión: Visitalos todos. Juzga por ti mismo cuales te gustan más y cuales menos. Y ten cuidado: quizá te seduzcan tanto que no puedas volver a escapar de ellos.

Último post antes de cerrar por vacaciones

Ha llegado junio, el mes en el que arranca el verano. Y teniendo en cuenta que el trabajo me deja poco tiempo para escribir aquí y que en julio voy a estar de vacaciones de aquí para allá he decidido que voy a dejar las actualizaciones semanales provisionalmente.

En este tiempo de descanso podréis seguir leyéndome en redes (tanto en la personal de @rincondeantonio como en la del blog, que es @placeryviajar) y por supuesto mandarme todas las ideas, críticas y/o sugerencias que estiméis oportunas. Daros las gracias por acompañarme en estos primeros meses de este viaje. Muy especialmente a Elisa y a Teo, a las que tanto les debo por su fidelidad a este lugar de la blogosfera.

El último post he permitido que lo elijáis vosotros en una encuesta que he compartido por Twitter. La opción ganadora ha sido cinco pueblos de Granada que merece la pena visitar. Este lunes lo tendréis. Para que no os quejéis de que no os cuido 😉

Hoy conocemos: Bagan (Myanmar)

Viajar a Bagan es una de las experiencias más fascinantes que he tenido en mi vida. La calidad de la foto no hace justicia a la belleza de esta meseta llena de templos budistas. Realmente Bagan no es una ciudad ni un pueblo, es una zona de Myanmar en la que miles de templos (alrededor de 4.000) rodean algunos “poblados”, a veces más grandes, a veces más pequeños. Nosotros (fui con 2 amigos) nos alojamos en el Hotel New Wave II de Nyaung U, distrito al que también pertenece el aeropuerto. Como lo pisamos poco no le concedimos mucha importancia a su elección: era barato, ofrecía desayuno, tenía buena nota en Booking y estaba en Bagan, eso era suficiente.

Pero comencemos por el principio. Cuando aterrizamos en Bagan procedentes de Yangón (hay numerosos vuelos, nosotros viajamos con la compañía Air KBZ) lo primero que tuvimos que hacer fue pasar un mostrador para pagar una tasa por visitar Bagan, o lo que es lo mismo, por acceder a sus 4.000 monumentos, cuya entrada a cada uno es totalmente gratuita. Me parece que la tasa era de 4-5 euros y aunque era relativamente fácil salir del aeropuerto sin pagarla no os lo recomiendo. Merece mucho la pena.

Quizá lo que más me sorprendió al llegar al aeropuerto de Nyaung-U fue la ausencia de taxistas. Allí solo había un señor con su longy (falda) que se acercó a nosotros y nos dijo que nos llevaría donde necesitáramos, pero este señor… ¡¡era el único taxista que había en el aeropuerto!! En la entrada/salida no había otro coche que no fuera el suyo. Todo era campo.

Le dimos la dirección de nuestro hotel y de camino al mismo nos dijo que por un módico precio nos acercaba al Monte Popa, un volcán coronado por un monasterio budista, al que se puede acceder subiendo (descalzo, lógicamente) sus 777 escalones. No pudimos decir que no. De camino al volcán pudimos ver a un montón de gente trabajando en el campo, a simpáticos niños que nos saludaban al pasar y a numerosas vacas que andaban por la calzada como si estuvieran en su casa. Antes de llegar al volcán todo buen taxista que se precie hace una parada en un mirador que hay a escasos 2 minutos para que los turistas como nosotros disfruten de las vistas e inmortalicen el momento con una foto. Una vez a los pies del volcán antes de que te dé tiempo a descalzarte verás que el camino al monasterio que hay en la cima no lo andarás solo. Además de los budistas que se acercan a orar a aquel lugar sagrado hay multitud de monos de diferentes tamaños esperando a que les eches de comer. En principio son inofensivos, pero mejor no llevar comida encima y no tomarse demasiadas confianzas con ellos (por lo que pueda pasar). De camino a la cúspide las vistas son sobrecogedoras. Todo verde excepto algunas estupas o templos cubiertos de oro levantados en mitad de la nada. La entrada es ‘gratuita’. Esto quiere decir que no hay nadie en la puerta cobrando, pero una vez que llegas al templo es obligatorio hacer un donativo. Merece la pena.

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Las vistas desde el Monte Popa impresionan

Al llegar al hotel alquilamos unas bicis con las que nos fuimos a recorrer los templos más cercanos. El tráfico en este lugar del mundo es inexistente. Las bicis que alquilan los hoteles conviven con numerosas motos eléctricas que no contaminan y que, por lo general, también alquilan los hoteles a los turistas que se dejan caer por allí. A pocos kilómetros de nuestro alojamiento encontramos de casualidad un campo de fútbol en el que había varios jóvenes preparándose para jugar un partido. Nosotros quisimos unirnos a ellos como hicimos en Yogyakarta unos días antes, pero llevábamos chanclas y todos ellos llevaban zapatillas de deporte. La situación era la siguiente: ir al hotel en bici a por nuestro calzado deportivo nos suponía más de media hora de trayecto (15 mins ida y 15 vuelta aprox), pero los chavales tenían motos y llegar al hotel en moto no debía suponer más de 5 minutos. Parecían gente sana así que le propuse a mis amigos que si ellos nos podían prestar las motos podríamos tardar menos en empezar el partido. Para que no fuera tan “violento” -decirles que les prestaran sus motos a unos desconocidos- le dijimos a uno de ellos que si nos podían llevar en moto hasta nuestro hotel para coger nuestras zapatillas y poder jugar. Nos dijo que sí y nos señaló a dos chicos que estaban apartados del grupo de 8-9 futbolistas que había dando toques a una desinflada pelota sobre aquel polvoriento campo de tierra. Al acercarnos a estos chicos para comentarles el trato que habíamos alcanzado vimos algo que no nos gustó. Ambos tenían los dientes manchados de un desagradable líquido rojo. Todo hacía indicar que era sangre. Dijeron que vale, que nos llevaban al hotel, pero a mí ya no me daban tan buen rollo como sus colegas. ¿Qué hacían estos dos chavales apartados del resto y con las bocas llenas de sangre? ¿Se habían peleado entre ellos? ¿Se habían peleado con alguna banda rival? ¿Eran dos terroristas birmanos a los que estábamos llevando a nuestro hotel para que nos secuestraran, nos desplumaran y nos dejaran sin un mísero euro para volver a casa? Lo comenté con mis socios y desde luego ya ninguno de nosotros veía tan buena idea subirse a una moto con aquellos tipos. Sonreímos, agradecimos la invitación y salimos de allí antes de meternos en un lío XXL. No pusieron pegas a la hora de dejarnos ir y respiramos aliviados. Horas después descubrimos que aquella ‘sangre’ seguramente era betel,  una popular mezcla de nuez y de tabaco que se mastica y deja los dientes teñidos de rojo. Hasta ese momento no habíamos visto a nadie con los dientes rojos, pero desde entonces nos dimos cuenta de que en aquella región de Myanmar mascar estas hojas de betel era una tradición muy común. Sanitariamente no es muy recomendable tomar este estimulante a medio camino entre un porro y un redbull, pero es que estéticamente es menos recomendable aún porque terminas con la boca roja como si acabaras de pelearte con una banda de mafiosos birmanos y te hubieses llevado la peor parte.

Se nos hizo de noche mucho más rápido de lo que habíamos pensado y al llegar a ‘casa’ paramos a cenar en uno de los tres restaurantes que había junto al hotel. Básicamente la situación era la siguiente: dos hoteles, tres restaurantes, una carpa (que oficialmente era una agencia de viajes y excursiones) y todo lo demás era una llanura llena de templos. Según cuenta la web viajaporlibre.com “Bagan fue la antigua capital del Imperio de Pagan junto a las orillas del río Ayeryarwady, una árida meseta en el centro de la antigua meseta. El mayor esplendor de Bagan fue entre los siglos XI y XIV, época en la que se construyeron más de 4000 templos y pagodas. Por esta maravilla hay que darle las gracias al Rey Anawrahta, que fue el precursor de este momento tan dulce que vivió la región. Aparte introdujo el budismo en Birmania y hoy en día es el 89% de la población quien profesa esa religión”.

Quizá os estéis preguntando: ¿Están bien conservados todos los templos? ¿Se puede entrar a los 4000 que aproximadamente hay en aquel terreno? La respuesta es no y no. Un terremoto en el año 1975 dañó muchos de sus templos y es por ello que algunos parecen estar en ruinas. Otros son muy pequeños y están cerrados, aunque la mayoría sí que están abiertos al público y guardan figuras de Buda de diversos materiales y tamaños. Hay una pequeña parte de ellos en la que se puede subir al techo y ver amanecer/atardecer desde allí. En nuestro primer día completo no llegamos a tiempo al templo en el que sabíamos que podíamos ver amanecer. Hay quien dice que ver amanecer sobre uno de los templos de Bagan es presenciar el amanecer más bello del mundo. Yo diría que es uno de los 3 más bellos.

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Un buda gigante al que poder rezar

Entre los templos más llamativos que vimos ese segundo día (el primero que pasamos allí completo) destacaron el Htlomnilo Guphaya, por su tamaño y porque tenía un mercado en la puerta, y la pagoda Dahmmayangy, la más grande de todas, que sin duda te hará viajar a otra época en la que los edificios más majestuosos estaban construidos para rezar y no para alojar oficinas de cientos de empresas multinacionales. Lógicamente puedes contratar guías para que te paseen por los templos (en bici, moto o coche de caballos) y te cuenten detalles sobre ellos aunque nosotros no lo hicimos y descubrimos que hay otro tipo de negocio alrededor de los templos que es bastante llamativo. Bastantes jóvenes de 19-20 años se te acercan cuando estás dentro de un templo y empiezan a soltarte anécdotas y curiosidades en un perfecto inglés. Lógicamente te sientes atraído por sus explicaciones, pero supongamos que no quieres contratar un guía. El caso es que ellos no te van a cobrar directamente por sus explicaciones sino que cuando cogen confianza contigo (turista) sacan su producto y te dan la oportunidad de llevarte uno de recuerdo a casa. Lo que venden estos simpáticos muchachos birmanos son cuadros pintados a mano. Es cierto que nosotros no estábamos interesados en sus pinturas, pero también es cierto que eran de bastante calidad. Según nos dijeron el dinero que ganaban con ellas (las vendían a unos 4-5 euros al cambio) lo ahorraban para poder ir a la Universidad. Algunos querían estudiar Bellas Artes pero otros habían elegido otra carrera diferente. En resumen, el souvenir más común en Bagan son las pinturas de los templos vendidos por jóvenes universitarios que necesitan el dinero para pagarse sus carreras. Mucho más útil que comprar un llavero o un bolso, aunque imagino que a todo el mundo no le gustarán las pinturas de la misma manera.

IMG_20170718_124628Htlomnilo Guphaya

Uno de los chavales que conocimos en nuestra visita por los templos (calculo que veríamos unos 40 o 50 en total) nos llevó a uno en el que era muy fácil subir a la cima para ver atardecer. Lógicamente se había corrido la voz y aquello estaba lleno de turistas. Uno de mis acompañantes se dejó las llaves puestas en la moto eléctrica convencido de que no se la iban a robar y cuando bajamos de ver anochecer…la moto no estaba. Un chico local se puso a la cabeza de una operación de búsqueda en la que no quedó más remedio que integrar a la Policía, que nos veían buscando no sé sabía bien el qué en mitad del campo y en mitad de la noche. Para colmo de males allí las carreteras no es que estén muy bien señaladas, los cascos prácticamente no existen y la lluvia hizo acto de presencia. Me sentí un poco Bruce Willis en una película de acción, aunque también tenía el mismo miedo del bueno de Bruce: “como nos pase algo grave no lo contamos”. Pues bien, después de unos 40-45 minutos de búsqueda y de soportar la angustia de mi amigo (que ya iba pensando en la cantidad de kyats que tendría que pagar a los dueños del hotel para compensar la pérdida de la moto) al fin llegaron buenas noticias. Nadie había robado la moto como era de suponer. Simplemente al verla allí aparcada con las llaves puestas llamaron al hotel creyendo que era una moto que se había quedado sin batería y los trabajadores del hotel se habían acercado a recogerla. Terminamos volviendo al hotel llenos de alegría y de agradecimiento al chico y al policía que habían encabezado las labores de búsqueda y a los que Víctor (el de la moto perdida) tuvo el buen detalle de invitar a cenar. Para las comidas teníamos un ritual bien organizado: los almuerzos los tomábamos en uno de los 3 bares que había junto al hotel (había mucha variedad de comida y una camarera que era muy guapa y muy amable) y las cenas en otro que tenía una barbacoa en la que por las noches los ‘pintxos’ (a saber cómo los llamarán allí) de carne y de pescado que tomábamos adquirían un sabor de muerte. En ambos sitios variedad y calidad iban cogidas de la mano, así que he de decir que la comida birmana es la que más me ha gustado de toda Asia. Con aquel chico, que lógicamente también era pintor, hablamos de todo un poco. Al policía costó algo más convencerlo, porque su mujer y sus hijos lo esperaban en casa pero finalmente también aceptó, aunque era algo menos hablador que el chaval joven.

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Esta encantadora chica birmana me dejó fotografiarla instantes después de recomendarnos unas ricas pizzas

El último día separamos nuestros caminos y nuestra idea era ir en moto hasta la estación de tren (14 kms) y despedirnos. Pero al dueño del hotel, que no le caímos muy bien por lo que había sucedido el día anterior, no le pareció buena idea eso de alquilarnos de nuevo las motos para ir a la estación de tren. La verdad es que todos los trabajadores eran encantadores, pero el dueño era bastante huraño. No tuve más remedio que ponerme a buscar un taxi porque al señor no le parecía buena idea andar 14 kms encima de sus motos (algo que por cierto ya habíamos hecho el día anterior). Al llegar a la estación compré mi billete de Bagan a Yangón en la ‘Upper class’ (Clase de lujo, mucho mejor que la primera clase) por tan solo 12 euros. Una ganga teniendo en cuenta que la distancia entre ambas ciudades es de 600 kms (el billete más barato salía por unos tres euros). El viaje con la empresa Myanmar Railways es toda una aventura en sí misma así que, salvo que odiéis los trenes, os lo recomiendo encarecidamente. Al haber comprado el billete más caro me correspondió una habitación para mí solo, con dos literas y dos sofás, que lógicamente no pude compartir con nadie y que me sirvieron para que no se ensuciara mucho el equipaje. Todo estaba bastante bien presentado, de tal manera que los bichos y las ratas que con el paso de las horas descubrí que también viajaban con nosotros solo fueron una simpática anécdota, pues nadie salió herido. El viaje en tren es intenso por la cantidad de paisajes verdes que ves, la gente que te encuentras (hay decenas de niños que se acercan a las vías del tren a mendigar y a pedir a los turistas que les echen algo de comida a su paso)  y por la cantidad de pollos y gallinas que ves paseando tan alegremente en cada estación de tren en la que tienes que hacer escala durante el trayecto, que dura alrededor de 19 horas. Vi barrios que parecían ser de clase alta y algunas casas con techo de paja que sin duda debían alojar a las personas más pobres de aquel mundo rural. Me dolió no llevar dinero ni comida encima para compartir con alguno de aquellos chavales que mendigaban en las vías, aunque no todos parecían tener la misma necesidad (me dio la impresión de que en algunos tramos del trayecto había niños salían a pedir cosas más por ver a los turistas que viajaban en el interior del tren que por el hecho de que pasaran hambre).

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Tras 19 horas de trayecto llegué a Yangón y me dispuse a abandonar el país, un lugar tan variado y rico en emociones que es imposible que te deje indiferente.

Conclusión: Visitar Bagan lógicamente es visitar sus templos. Los que te dé tiempo y te parezcan más atractivos, pues recorrer los 4.000 que hay repartidos por esta zona al norte de Birmania seguramente te llevará semanas o incluso meses. Conviene recomendar la visita al Monte Popa y comer el pescado que ofrecen allí, muy rico y a buen precio. La bici y la moto eléctrica serán tus compañeros de viaje en un lugar en el que hay mucha tradición rural pero pocos taxistas. Esto sí que será como viajar en el tiempo. Hay épocas del año en las que muchas empresas ofrecen viajes en globo por los templos. Si tienes la oportunidad y tu presupuesto te lo permite (no es una actividad para todos los bolsillos) seguramente sea una experiencia inolvidable. Tanto como lo es la gente de Myanmar, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas.

El siguiente destino lo elegiremos entre todos a través de la cuenta de Twitter de este blog