Último post antes de cerrar por vacaciones

Ha llegado junio, el mes en el que arranca el verano. Y teniendo en cuenta que el trabajo me deja poco tiempo para escribir aquí y que en julio voy a estar de vacaciones de aquí para allá he decidido que voy a dejar las actualizaciones semanales provisionalmente.

En este tiempo de descanso podréis seguir leyéndome en redes (tanto en la personal de @rincondeantonio como en la del blog, que es @placeryviajar) y por supuesto mandarme todas las ideas, críticas y/o sugerencias que estiméis oportunas. Daros las gracias por acompañarme en estos primeros meses de este viaje. Muy especialmente a Elisa y a Teo, a las que tanto les debo por su fidelidad a este lugar de la blogosfera.

El último post he permitido que lo elijáis vosotros en una encuesta que he compartido por Twitter. La opción ganadora ha sido cinco pueblos de Granada que merece la pena visitar. Este lunes lo tendréis. Para que no os quejéis de que no os cuido 😉

Hoy conocemos: Bagan (Myanmar)

Viajar a Bagan es una de las experiencias más fascinantes que he tenido en mi vida. La calidad de la foto no hace justicia a la belleza de esta meseta llena de templos budistas. Realmente Bagan no es una ciudad ni un pueblo, es una zona de Myanmar en la que miles de templos (alrededor de 4.000) rodean algunos “poblados”, a veces más grandes, a veces más pequeños. Nosotros (fui con 2 amigos) nos alojamos en el Hotel New Wave II de Nyaung U, distrito al que también pertenece el aeropuerto. Como lo pisamos poco no le concedimos mucha importancia a su elección: era barato, ofrecía desayuno, tenía buena nota en Booking y estaba en Bagan, eso era suficiente.

Pero comencemos por el principio. Cuando aterrizamos en Bagan procedentes de Yangón (hay numerosos vuelos, nosotros viajamos con la compañía Air KBZ) lo primero que tuvimos que hacer fue pasar un mostrador para pagar una tasa por visitar Bagan, o lo que es lo mismo, por acceder a sus 4.000 monumentos, cuya entrada a cada uno es totalmente gratuita. Me parece que la tasa era de 4-5 euros y aunque era relativamente fácil salir del aeropuerto sin pagarla no os lo recomiendo. Merece mucho la pena.

Quizá lo que más me sorprendió al llegar al aeropuerto de Nyaung-U fue la ausencia de taxistas. Allí solo había un señor con su longy (falda) que se acercó a nosotros y nos dijo que nos llevaría donde necesitáramos, pero este señor… ¡¡era el único taxista que había en el aeropuerto!! En la entrada/salida no había otro coche que no fuera el suyo. Todo era campo.

Le dimos la dirección de nuestro hotel y de camino al mismo nos dijo que por un módico precio nos acercaba al Monte Popa, un volcán coronado por un monasterio budista, al que se puede acceder subiendo (descalzo, lógicamente) sus 777 escalones. No pudimos decir que no. De camino al volcán pudimos ver a un montón de gente trabajando en el campo, a simpáticos niños que nos saludaban al pasar y a numerosas vacas que andaban por la calzada como si estuvieran en su casa. Antes de llegar al volcán todo buen taxista que se precie hace una parada en un mirador que hay a escasos 2 minutos para que los turistas como nosotros disfruten de las vistas e inmortalicen el momento con una foto. Una vez a los pies del volcán antes de que te dé tiempo a descalzarte verás que el camino al monasterio que hay en la cima no lo andarás solo. Además de los budistas que se acercan a orar a aquel lugar sagrado hay multitud de monos de diferentes tamaños esperando a que les eches de comer. En principio son inofensivos, pero mejor no llevar comida encima y no tomarse demasiadas confianzas con ellos (por lo que pueda pasar). De camino a la cúspide las vistas son sobrecogedoras. Todo verde excepto algunas estupas o templos cubiertos de oro levantados en mitad de la nada. La entrada es ‘gratuita’. Esto quiere decir que no hay nadie en la puerta cobrando, pero una vez que llegas al templo es obligatorio hacer un donativo. Merece la pena.

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Las vistas desde el Monte Popa impresionan

Al llegar al hotel alquilamos unas bicis con las que nos fuimos a recorrer los templos más cercanos. El tráfico en este lugar del mundo es inexistente. Las bicis que alquilan los hoteles conviven con numerosas motos eléctricas que no contaminan y que, por lo general, también alquilan los hoteles a los turistas que se dejan caer por allí. A pocos kilómetros de nuestro alojamiento encontramos de casualidad un campo de fútbol en el que había varios jóvenes preparándose para jugar un partido. Nosotros quisimos unirnos a ellos como hicimos en Yogyakarta unos días antes, pero llevábamos chanclas y todos ellos llevaban zapatillas de deporte. La situación era la siguiente: ir al hotel en bici a por nuestro calzado deportivo nos suponía más de media hora de trayecto (15 mins ida y 15 vuelta aprox), pero los chavales tenían motos y llegar al hotel en moto no debía suponer más de 5 minutos. Parecían gente sana así que le propuse a mis amigos que si ellos nos podían prestar las motos podríamos tardar menos en empezar el partido. Para que no fuera tan “violento” -decirles que les prestaran sus motos a unos desconocidos- le dijimos a uno de ellos que si nos podían llevar en moto hasta nuestro hotel para coger nuestras zapatillas y poder jugar. Nos dijo que sí y nos señaló a dos chicos que estaban apartados del grupo de 8-9 futbolistas que había dando toques a una desinflada pelota sobre aquel polvoriento campo de tierra. Al acercarnos a estos chicos para comentarles el trato que habíamos alcanzado vimos algo que no nos gustó. Ambos tenían los dientes manchados de un desagradable líquido rojo. Todo hacía indicar que era sangre. Dijeron que vale, que nos llevaban al hotel, pero a mí ya no me daban tan buen rollo como sus colegas. ¿Qué hacían estos dos chavales apartados del resto y con las bocas llenas de sangre? ¿Se habían peleado entre ellos? ¿Se habían peleado con alguna banda rival? ¿Eran dos terroristas birmanos a los que estábamos llevando a nuestro hotel para que nos secuestraran, nos desplumaran y nos dejaran sin un mísero euro para volver a casa? Lo comenté con mis socios y desde luego ya ninguno de nosotros veía tan buena idea subirse a una moto con aquellos tipos. Sonreímos, agradecimos la invitación y salimos de allí antes de meternos en un lío XXL. No pusieron pegas a la hora de dejarnos ir y respiramos aliviados. Horas después descubrimos que aquella ‘sangre’ seguramente era betel,  una popular mezcla de nuez y de tabaco que se mastica y deja los dientes teñidos de rojo. Hasta ese momento no habíamos visto a nadie con los dientes rojos, pero desde entonces nos dimos cuenta de que en aquella región de Myanmar mascar estas hojas de betel era una tradición muy común. Sanitariamente no es muy recomendable tomar este estimulante a medio camino entre un porro y un redbull, pero es que estéticamente es menos recomendable aún porque terminas con la boca roja como si acabaras de pelearte con una banda de mafiosos birmanos y te hubieses llevado la peor parte.

Se nos hizo de noche mucho más rápido de lo que habíamos pensado y al llegar a ‘casa’ paramos a cenar en uno de los tres restaurantes que había junto al hotel. Básicamente la situación era la siguiente: dos hoteles, tres restaurantes, una carpa (que oficialmente era una agencia de viajes y excursiones) y todo lo demás era una llanura llena de templos. Según cuenta la web viajaporlibre.com “Bagan fue la antigua capital del Imperio de Pagan junto a las orillas del río Ayeryarwady, una árida meseta en el centro de la antigua meseta. El mayor esplendor de Bagan fue entre los siglos XI y XIV, época en la que se construyeron más de 4000 templos y pagodas. Por esta maravilla hay que darle las gracias al Rey Anawrahta, que fue el precursor de este momento tan dulce que vivió la región. Aparte introdujo el budismo en Birmania y hoy en día es el 89% de la población quien profesa esa religión”.

Quizá os estéis preguntando: ¿Están bien conservados todos los templos? ¿Se puede entrar a los 4000 que aproximadamente hay en aquel terreno? La respuesta es no y no. Un terremoto en el año 1975 dañó muchos de sus templos y es por ello que algunos parecen estar en ruinas. Otros son muy pequeños y están cerrados, aunque la mayoría sí que están abiertos al público y guardan figuras de Buda de diversos materiales y tamaños. Hay una pequeña parte de ellos en la que se puede subir al techo y ver amanecer/atardecer desde allí. En nuestro primer día completo no llegamos a tiempo al templo en el que sabíamos que podíamos ver amanecer. Hay quien dice que ver amanecer sobre uno de los templos de Bagan es presenciar el amanecer más bello del mundo. Yo diría que es uno de los 3 más bellos.

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Un buda gigante al que poder rezar

Entre los templos más llamativos que vimos ese segundo día (el primero que pasamos allí completo) destacaron el Htlomnilo Guphaya, por su tamaño y porque tenía un mercado en la puerta, y la pagoda Dahmmayangy, la más grande de todas, que sin duda te hará viajar a otra época en la que los edificios más majestuosos estaban construidos para rezar y no para alojar oficinas de cientos de empresas multinacionales. Lógicamente puedes contratar guías para que te paseen por los templos (en bici, moto o coche de caballos) y te cuenten detalles sobre ellos aunque nosotros no lo hicimos y descubrimos que hay otro tipo de negocio alrededor de los templos que es bastante llamativo. Bastantes jóvenes de 19-20 años se te acercan cuando estás dentro de un templo y empiezan a soltarte anécdotas y curiosidades en un perfecto inglés. Lógicamente te sientes atraído por sus explicaciones, pero supongamos que no quieres contratar un guía. El caso es que ellos no te van a cobrar directamente por sus explicaciones sino que cuando cogen confianza contigo (turista) sacan su producto y te dan la oportunidad de llevarte uno de recuerdo a casa. Lo que venden estos simpáticos muchachos birmanos son cuadros pintados a mano. Es cierto que nosotros no estábamos interesados en sus pinturas, pero también es cierto que eran de bastante calidad. Según nos dijeron el dinero que ganaban con ellas (las vendían a unos 4-5 euros al cambio) lo ahorraban para poder ir a la Universidad. Algunos querían estudiar Bellas Artes pero otros habían elegido otra carrera diferente. En resumen, el souvenir más común en Bagan son las pinturas de los templos vendidos por jóvenes universitarios que necesitan el dinero para pagarse sus carreras. Mucho más útil que comprar un llavero o un bolso, aunque imagino que a todo el mundo no le gustarán las pinturas de la misma manera.

IMG_20170718_124628Htlomnilo Guphaya

Uno de los chavales que conocimos en nuestra visita por los templos (calculo que veríamos unos 40 o 50 en total) nos llevó a uno en el que era muy fácil subir a la cima para ver atardecer. Lógicamente se había corrido la voz y aquello estaba lleno de turistas. Uno de mis acompañantes se dejó las llaves puestas en la moto eléctrica convencido de que no se la iban a robar y cuando bajamos de ver anochecer…la moto no estaba. Un chico local se puso a la cabeza de una operación de búsqueda en la que no quedó más remedio que integrar a la Policía, que nos veían buscando no sé sabía bien el qué en mitad del campo y en mitad de la noche. Para colmo de males allí las carreteras no es que estén muy bien señaladas, los cascos prácticamente no existen y la lluvia hizo acto de presencia. Me sentí un poco Bruce Willis en una película de acción, aunque también tenía el mismo miedo del bueno de Bruce: “como nos pase algo grave no lo contamos”. Pues bien, después de unos 40-45 minutos de búsqueda y de soportar la angustia de mi amigo (que ya iba pensando en la cantidad de kyats que tendría que pagar a los dueños del hotel para compensar la pérdida de la moto) al fin llegaron buenas noticias. Nadie había robado la moto como era de suponer. Simplemente al verla allí aparcada con las llaves puestas llamaron al hotel creyendo que era una moto que se había quedado sin batería y los trabajadores del hotel se habían acercado a recogerla. Terminamos volviendo al hotel llenos de alegría y de agradecimiento al chico y al policía que habían encabezado las labores de búsqueda y a los que Víctor (el de la moto perdida) tuvo el buen detalle de invitar a cenar. Para las comidas teníamos un ritual bien organizado: los almuerzos los tomábamos en uno de los 3 bares que había junto al hotel (había mucha variedad de comida y una camarera que era muy guapa y muy amable) y las cenas en otro que tenía una barbacoa en la que por las noches los ‘pintxos’ (a saber cómo los llamarán allí) de carne y de pescado que tomábamos adquirían un sabor de muerte. En ambos sitios variedad y calidad iban cogidas de la mano, así que he de decir que la comida birmana es la que más me ha gustado de toda Asia. Con aquel chico, que lógicamente también era pintor, hablamos de todo un poco. Al policía costó algo más convencerlo, porque su mujer y sus hijos lo esperaban en casa pero finalmente también aceptó, aunque era algo menos hablador que el chaval joven.

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Esta encantadora chica birmana me dejó fotografiarla instantes después de recomendarnos unas ricas pizzas

El último día separamos nuestros caminos y nuestra idea era ir en moto hasta la estación de tren (14 kms) y despedirnos. Pero al dueño del hotel, que no le caímos muy bien por lo que había sucedido el día anterior, no le pareció buena idea eso de alquilarnos de nuevo las motos para ir a la estación de tren. La verdad es que todos los trabajadores eran encantadores, pero el dueño era bastante huraño. No tuve más remedio que ponerme a buscar un taxi porque al señor no le parecía buena idea andar 14 kms encima de sus motos (algo que por cierto ya habíamos hecho el día anterior). Al llegar a la estación compré mi billete de Bagan a Yangón en la ‘Upper class’ (Clase de lujo, mucho mejor que la primera clase) por tan solo 12 euros. Una ganga teniendo en cuenta que la distancia entre ambas ciudades es de 600 kms (el billete más barato salía por unos tres euros). El viaje con la empresa Myanmar Railways es toda una aventura en sí misma así que, salvo que odiéis los trenes, os lo recomiendo encarecidamente. Al haber comprado el billete más caro me correspondió una habitación para mí solo, con dos literas y dos sofás, que lógicamente no pude compartir con nadie y que me sirvieron para que no se ensuciara mucho el equipaje. Todo estaba bastante bien presentado, de tal manera que los bichos y las ratas que con el paso de las horas descubrí que también viajaban con nosotros solo fueron una simpática anécdota, pues nadie salió herido. El viaje en tren es intenso por la cantidad de paisajes verdes que ves, la gente que te encuentras (hay decenas de niños que se acercan a las vías del tren a mendigar y a pedir a los turistas que les echen algo de comida a su paso)  y por la cantidad de pollos y gallinas que ves paseando tan alegremente en cada estación de tren en la que tienes que hacer escala durante el trayecto, que dura alrededor de 19 horas. Vi barrios que parecían ser de clase alta y algunas casas con techo de paja que sin duda debían alojar a las personas más pobres de aquel mundo rural. Me dolió no llevar dinero ni comida encima para compartir con alguno de aquellos chavales que mendigaban en las vías, aunque no todos parecían tener la misma necesidad (me dio la impresión de que en algunos tramos del trayecto había niños salían a pedir cosas más por ver a los turistas que viajaban en el interior del tren que por el hecho de que pasaran hambre).

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Tras 19 horas de trayecto llegué a Yangón y me dispuse a abandonar el país, un lugar tan variado y rico en emociones que es imposible que te deje indiferente.

Conclusión: Visitar Bagan lógicamente es visitar sus templos. Los que te dé tiempo y te parezcan más atractivos, pues recorrer los 4.000 que hay repartidos por esta zona al norte de Birmania seguramente te llevará semanas o incluso meses. Conviene recomendar la visita al Monte Popa y comer el pescado que ofrecen allí, muy rico y a buen precio. La bici y la moto eléctrica serán tus compañeros de viaje en un lugar en el que hay mucha tradición rural pero pocos taxistas. Esto sí que será como viajar en el tiempo. Hay épocas del año en las que muchas empresas ofrecen viajes en globo por los templos. Si tienes la oportunidad y tu presupuesto te lo permite (no es una actividad para todos los bolsillos) seguramente sea una experiencia inolvidable. Tanto como lo es la gente de Myanmar, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas.

El siguiente destino lo elegiremos entre todos a través de la cuenta de Twitter de este blog  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy conocemos: Yangón (Myanmar)

Yangón, la anteriormente conocida como Rangún, es la puerta de entrada a Myanmar para la mayoría de los turistas. La nueva capital del país, Naipydo, es una ciudad de carácter administrativo. Es la sede de muchas de las administraciones de la nación, pero la ciudad más poblada y el aeropuerto con más enlaces internacionales es el de Yangón.

Myanmar (anteriormente conocido como Birmania) es un país especial porque se trata de un lugar que acaba de abrirse al mundo. Hasta hace nada (meses) era una dictadura y durante años -cabe recordar que se independizó del Reino Unido en 1948- la entrada de  extranjeros a este territorio no era nada sencilla y, claro, eran pocos los que estaban dispuestos a perder muchas horas de su tiempo y a hacer uso de su paciencia para intentar entrar a un lugar en el que no eran bienvenidos. La inmensa mayoría de los viajeros hasta ahora preferían evitar agobios y dejarse caer por la vecina Tailandia, pero ahora que Myanmar se ha abierto al mundo las cosas pueden cambiar. Cuando yo la visité (julio 2017) era una ‘dictablanda’, es decir, las elecciones de 2015 no está muy claro si habían sido limpias o amañadas para que siguieran en el poder los que estaban anteriormente. Ahora bien, el país ha avanzado mucho en los últimos años y también lo ha hecho en materia de derechos humanos. ¿Una cosa buena? Las elecciones de este 2018 parece ser que se han celebrado con total normalidad. ¿Una cosa mala? Para entrar necesitas visado (ronda los 50€ si lo compras online y desde el Gobierno tardan unas 48 horas en confirmarte si han aprobado tu solicitud o no).

Dicho todo esto, llegamos a Yangón procedentes de Singapur y lo primero que llama la atención cuando aterrizas en este país es que todos los taxistas que están en el Aeropuerto esperando clientes visten con ‘longys’, es decir, las típicas faldas para hombres que éstos visten en Birmania. Suelen ser de cuadrados y tienen pinta de ser bien cómodas aunque nosotros al ser ‘guiris’ siempre íbamos en pantalón de un lado para otro. Algo que hicimos sin dudar al llegar al aeropuerto fue cambiar nuestros euros por ‘kiats’, la moneda oficial del país, pues habíamos leído en varios artículos que en Myanmar los cajeros no existían y que viajar a este país era algo así como viajar atrás en el tiempo. Es verdad que no están tan avanzados como en otros países de la región, pero los cajeros empiezan a extenderse y si os dejáis caer por allí os aconsejo tranquilidad: el dinero que no podáis cambiar en el aeropuerto lo podréis cambiar en el centro de la ciudad.

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Un monje budista sacando dinero y un taxista con su falda. Bienvenidos a Myanmar.

Una vez que salimos del aeropuerto vimos a un buen número de pequeños budistas (niños) pidiendo dinero en las paradas del autobús que había de camino a Yangón (el aeropuerto está en la periferia, lógicamente). El taxista que nos llevaba nos dijo que los donativos que piden estos niños no siempre van dónde dicen que van. O sea, que a veces son niños abandonados y ese dinero lo utilizan para vivir o comer en el orfanato pero que otras veces son niños normales y corrientes y el dinero se lo quedan ellos. No pedimos más explicaciones.

y2Estos pequeñajos piden dinero por la calle, pero no se sabe exactamente para qué

Antes de llegar al hotel nuestro taxista hizo escala en una agencia de viajes en la que nos aconsejó comprar los billetes de avión para Bagan, la segunda ciudad que planeábamos visitar en el país. Al igual que ocurre en otros países como Indonesia, el turista europeo  resulta muy exótico para los birmanos y todo el mundo sonríe a tu paso. Al llegar a la agencia de viajes, que estaba en un edificio que daba la impresión de estar en ruinas o directamente abandonado, vimos que el interior de la oficina era bastante ‘occidental’. La mayoría de las trabajadoras eran chicas -he de decir que de una belleza increíble- que recibieron con gran alegría nuestro encargo. Nos vendieron (a mis dos amigos y a mí) tres billetes de la compañía nacional Air KBZ a un precio de 78€ cada uno. Sin posibilidad de rebaja. Esto nos hizo entender que los precios en Myanmar también eran bastante ‘occidentales’, como comprobaríamos en los días posteriores (no, el taxista y las chicas de la agencia no nos habían estafado).

Una vez que nuestro taxista nos dejó en nuestra segunda y última parada, la calle del Hotel, pudimos empezar a comprobar que el aire en Yangón está muy cargado y que posiblemente al ser una ciudad llena de motos y de coches la contaminación se deja notar sobre todo hasta que empiezas a andar de un lado para otro y te acostumbras a respirar ese aire más sucio de lo habitual. El hotel en el que nos albergamos tenía todo lo que tiene un hotel occidental (buenas camas, aire acondicionado, wifi, etc), por lo que el mito de ‘viajar en el tiempo’ aquí tampoco se cumplió. Seguramente fue el mejor hotel en el que he estado en Asia, pero la recepcionista era un poco rancia. Compensa una cosa con la otra (mayor calidad/menor amabilidad).

Una vez metidos de lleno en la ciudad el primer lugar por el que nos dejamos caer fue el Mercado Bogyoke. En este mercado, además de empaparnos, pudimos comprobar cómo en Myanmar la gente no le hace ningún asco al Durian, una fruta con un olor asqueroso que incluso -según me han contado- está prohibida en varios países. He de confesar que me inspiró desconfianza y no compré ninguno. El mercado se puede decir que tiene una parte “tradicional” (o sea, techada como los típicos mercados de pueblo llenos de fruterías y carnicerías) y otra “al aire libre”, es decir, como si fuera un mercado y un mercadillo conviviendo juntos. Allí no había carnicerías, pero sí que había bastantes joyerías y mercerías, donde vendían mantas, prendas de ropa, etc. Un simpático niño birmano llamado Justin me dio conversación y me dijo que era luchador, que practicaba un deporte parecido al Muay Thai. Me convenció para ir a su tienda pero el inglés o le falló a él o me falló a mí. Al ir a la tienda en la que estaba su madre me había dicho que me iba a enseñar su ropa de luchador, pero lo que en verdad sucedió allí es que su familia me intentó camelar para que comprara la ropa que él usaba. Agradecí el ofrecimiento, pero no tenía ningún interés en participar en ningún combate en tierras birmanas así que no necesitaba aquellas extrañas vestimentas. El pequeño Justin se quedó un poco/bastante decepcionado.

Una vez concluida la visita al Mercado nos dirigimos a un centro comercial que había a escasos cinco minutos de allí, donde podríamos comer tranquilamente sin seguir mojándonos. Lo primero que nos sorprendió es que tenían unas máquinas en las que metías los paraguas y te los sacaban empaquetados en una bolsa de plástico gigante. Ahora existen máquinas así en algunos Mercadonas, pero nuestra primera impresión al ver aquello fue: “Guau, aquí están mucho más avanzados de lo que nos han contado”. En efecto, el interior del centro comercial nos confirmó que en Yangón también vivían en 2017.

CC Yangon
En la puerta del centro comercial en el que descubrimos que los birmanos también comen en Pizza Hut

Multitud de tiendas de ropa, joyerías y restaurantes. Terminamos comiendo en un ‘Pizza Hut’ porque me dejaron elegir y a mí la comida asiática no me va demasiado (nota: el Pizza Hut era la única pizzería del lugar y quien me conoce ya sabe el amor que yo siento por las pizzas).

A escasos metros de aquel centro comercial estaba la ‘Catedral de Santa María‘, un templo cristiano de gran belleza diseñado por el arquitecto holandés Joseph Cuypers. Solo la pudimos disfrutar por fuera ya que el interior estaba cerrado.

Catedral YangonLa Catedral de Santa María, bastante aislada y bastante abandonada

La religión más practicada en Myanmar es el budismo por lo que las principales atracciones del país son las pagodas. La más grande de todas es la Pagoda Shwedagon, que no es otra cosa que un complejo de templos verdaderamente fascinantes. Está presidido por la magnífica estupa Shwedagon Paya, que es de oro y tiene 100m de altura. Según informa la Wikipedia “se sitúa en el margen occidental del Lago Real en las colinas Singuttara. Es la pagoda más sagrada para los budistas del país ya que contiene algunas reliquias de Buda, entre ellas un trozo de tela y ocho cabellos de Siddharta Gautama”. Los visitantes tienen que descalzarse antes de pisar la entrada y una vez dentro hay un montón de figuras de Buda de todas las formas y tamaños.

y1Inmortalizando el momento en el interior de la Shwedagon Pagoda

En la puerta intentarán venderte un montón de souvenirs puesto que, a pesar de ser un lugar de peregrinaje religioso, allí también intentan sacar partido de la cantidad de turistas que visitan el lugar. La entrada era bastante barata (creo que 2 o 3 euros) y la verdad es que aquel día a mediados de julio nos cayó el diluvio universal.

También visitamos el barrio de Chinatown (uno más de los que hay repartidos por el mundo) y la Pagoda Sule, la segunda más importante de la ciudad. Es una pagoda mucho más modesta, más vetusta y el chico que te vende las entradas te hace de guía turístico por un módico precio. Nos enseñó el ritual de ‘bañar al Buda’, que consistía en llenar un vaso con agua sagrada y bañarlo 6 o 7 veces (creo recordar que nos saltábamos el sábado) para que nos diera suerte los 7 días de la semana. Éste es un rito bastante extendido por países de tradición budista como Myanmar o Vietnam. Lo que no está tan extendido es que el guía turístico te saque un álbum de fotos para que veas que Barack Obama ha estado haciendo lo mismo que tú en el mismo lugar que tú pocos meses antes de que tú lo hicieras.

En mi último día en Yangón, ya sin mis compañeros de viaje, hice una visita que no entraba en mis planes, pero es el encanto que tiene el viajar sin rumbo. Me perdí en el People´s Square and Park porque antes de almorzar quería buscar un lugar donde orinar y no estaba teniendo mucha suerte. Este lugar es un parque con bonitos jardines y un parque de atracciones en el que (supongo) que hay que pagar una entrada. Digo supongo porque entré por una puerta llena de gente a través de la cual se accedía fácilmente a los servicios. Al cabo de un rato me di cuenta de que estaba en el interior del parque de atracciones, pero había entrado por la puerta de salida y por tanto había pagado 0 kyats. Es un sitio agradable, más frecuentado por la gente local que por los turistas. Al no ser nada del otro mundo no sale en las típicas guías de la ciudad, pero para pasear y sentirte como un birmano más está muy bien. En el interior del parque había una enorme fuente en la que la chavalería se echaba selfies y/o fotos en pareja con sus teléfonos móviles por lo que, una vez más, pude comprobar que a pesar de haber sufrido una férrea dictadura varias décadas Myanmar es un país alegre, lleno de vida y de felicidad. Es un lugar con una incipiente clase media, deseoso de crecer y de abrirse al mundo. Ojalá lo consigan.

Conclusión: Yangón no es la ciudad más espectacular de Myanmar, pero como seguramente pasarás por allí para entrar y salir del país no es una mala idea dedicarle uno o dos días. El centro urbano (donde teníamos el hotel) y el barrio de Chinatown son dos buenos lugares por los que dejarse caer para ver cómo vive la gente de la ciudad. El tráfico es algo caótico, pero no tanto como en otras ciudades asiáticas. La religión tiene una gran importancia y en este aspecto la visita imprescindible que conviene realizar sí o sí es a la Pagoda Shwedagon. Si puedes ir a la Pagoda Sule también aprenderás. Y si lo haces en compañía de un guía (que perfectamente puede ser el chico que te venda la entrada) mejor que mejor.

Próximo destino: Bagan (Myanmar) 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

22 consejos para viajar por el mundo

Leandro Hoop (el admin del blog Respiro viajes) ofrece aquí 22 consejos de viajes que considero interesante compartir. Coincido con él en casi todos, pero hay 2 que para mí digamos que son ‘la biblia’: hay que procurar tener siempre a mano una fotocopia del DNI o del pasaporte (por lo que pudiera pasar) y hay que interactuar (sea cual sea el destino) con la gente local, de la que seguramente aprenderás mucho más de lo que puedes imaginar.

Y vosotros, ¿cuál de estos 22 consejos consideráis que es más interesante?https://respiroviajes.com/mis-22-mejores-consejos-de-viajes/

Hoy conocemos: Almería

No he podido compartir antes la entrada de Almería porque sufrí un “accidente” o incidente bastante grave referente a esta publicación: He perdido (casi) todas mis fotos de Almería. Como no las encuentro habrá menos que en otros textos, pero no os preocupéis: no todo serán letras.

La capital de la provincia almeriense es una de las ciudades que más conozco porque he veraneado en ella durante más de uno y de dos años. Ciudad pequeña, acogedora, fácil de descubrir. Es agradable disfrutar de la Playa de El Zapillo, aunque los más entendidos de la materia dicen que la mejor es la Playa de los Muertos (está a unos 20 kms de la capital y la tengo en mi lista de asignaturas pendientes).

IMG-20151101-WA0003Disfrutando de un hermoso atardecer en la playita con amigos. Íbamos todos de manga corta, pero esa foto está hecha en octubre de 2015

Arquitectónicamente se podría decir que su monumento más importante es La Alcazaba. Es la mayor de las ciudadelas construidas por los árabes en España. Según explica la web oficial de Turismo de la Junta de Andalucía “su construcción fue iniciada en el año 955 por Abderramán III y terminada por Hayrán, rey taifa de Almería, en el siglo XI. Tras la conquista cristiana es reformada por los Reyes Católicos y Carlos I. La Alcazaba de Almería posee tres recintos amurallados, uno de los cuales fue construido por los Reyes Católicos. Fue residencia real y hoy permanece en pie el palacio de Al-Mutasin con todas sus estancias, su mezquita, convertida en iglesia desde finales del siglo XV, y sus baños. Tiene una sola puerta de acceso, casi invisible por las enormes murallas, y amplias estancias de techos abovedados y puertas góticas”.

Las vistas desde lo alto de las murallas de la Alcazaba son estupendas, el acceso es gratuito y si te gusta la historia lo vas a disfrutar seguro. Se podría decir que es como una ‘pequeña Alhambra’, salvando las distancias. Uno de los muchos tesoros repartidos por Andalucía.

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La Alcazaba vigila día y noche la ciudad de Almería (Foto: http://www.turismoalmeria.com)

Con un buen número de bares que ofrecen buenas tapas (de una calidad similar y algunas veces superior a las que ponen en Granada), Almería es un lugar estupendo por el que pasear. La Rambla -en pleno centro, como las de Barcelona o Tarragona- suele tener mucho ambiente y es fácil hacerse con algún souvernir que otro en puestos ambulantes o en las tiendas especializadas.

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Tomarse un batido (o zumo) helado en el Paseo Marítimo siempre va a ser una buena idea

En una de mis últimas visitas, en 2014, entré a los Refugios de Almería y es una experiencia que recomiendo encarecidamente. Se trata, como su propio nombre indica, de refugios utilizados por los almerienses durante la época de la Guerra Civil. La entrada, que solo cuesta 3 euros, incluye una visita guiada y lo cierto es que aprendes un montón. Cuándo se metía la gente en el refugio, cuánto tiempo llegaban a estar…e incluso hay una sala de curas que se mantiene de aquellos años (de 1936 a 1939) en la que es fácil llegar a imaginar el dolor de todos aquellos que tenían que pasar por allí, víctimas de enfermedades, disparos, bombas o cualquiera de los horrores que conlleva una guerra. Este lugar, imprescindible para aprender de nuestra propia historia, siempre está concurrido así que os aconsejo que cuando lo visitéis hagáis una reserva previa o puede que no tengáis plaza puesto que la entrada en cada ‘tour’ es de un numero de personas limitadas (creo recordar que 30).

Si se da la circunstancia de que tienes 3 o 4 días libres, yo diría que con un par de ellos es suficiente para ver Almería, mi consejo es que aproveches para ver las muchas maravillas que reúne esta provincia del sudeste español. La siempre agradable Roquetas de Mar (muy visitada por guiris), la Alpujarra almeriense o el Mini-Hollywood (lugar donde se han rodado cientos de películas del oeste, entre las que se encuentran ‘El bueno, el feo y el malo’ del maestro Eastwood o la española ‘800 Balas’, del maestro De la Iglesia). También cabe recordar que en la provincia de Almería existe un desierto, el Desierto de Tabernas, y que la llamada ‘comarca del desierto’ esconde decenas de pueblos como Alcudia de Monteagud, Benitagla, Benizalón, Castro de Filabres, Gérgal, Lubrín, Lucainena de las Torres, Olula de Castro, Senés, Sorbas, Tabernas, Tahal, Turrillas, Uleila del Campo y Velefique. Aquí yo no he estado, no puedo hablar desde la experiencia, pero si os gustan las rutas fuera de lo común y tirar fotografías a paisajes difíciles de encontrar en cualquier otro lugar del globo puede que ésta sea una alternativa que os resulte de lo más convincente.

Conclusión: Almería es una ciudad pequeña, pero la calidad de sus playas es grande. Recorrer los Refugios y disfrutar de La Alcazaba son dos tareas imprescindibles para cualquier visitante. Entre tapa y tapa será posible escaparse a un buen número de pueblecitos con encanto o incluso al desierto, si lo que el viajero quiere es vivir experiencias alejadas del mundanal ruido.

Próximo destino: Yangón (Myanmar)

 

Hoy conocemos: Salamanca

Pido perdón por actualizar una hora más tarde de lo previsto (lo sé, ya es martes) pero es que las últimas horas del mes de abril fueron bien intensas. Dicho esto toca hablar sobre Salamanca, una ciudad que por su ambiente universitario y su patrimonio artístico ciertamente recuerda a mi querida Granada, con la que guarda bastantes similitudes.

Visité Salamanca allá por 2012 en compañía de José Luis, un amigo que provisionalmente residía allí y que el primer día me llevó a comer al Bar ‘Los cuatro gatos’, donde pude tomar una bebida y tres pinchos ¡¡por solo 4 euros!! Un precio tan bajo que sin duda recuerda al de las tapas de ‘Graná’, tan añoradas cada vez que sales de la maravillosa capital andaluza.

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Cuando acabas de comer y sonríes es porque has comido bien (mi sonrisa era más discreta porque intentaba salir bien en la foto, cosa que evidentemente no conseguí)

No recuerdo que fue lo que pedí (cosas que no llevaran cebolla, eso seguro) pero salí bastante satisfecho. Ese día visitamos la Calle María Auxiliadora (una de las avenidas más grandes y más importantes de la capital salmantina), la calle Toro (calle peatonal repleta de tiendas en el corazón de Salamanca), la Plaza Mayor (muy similar a la de Madrid) y la Universidad de Salamanca, en cuya fachada -si os fijáis bien y prestáis la suficiente atención- encontrareis la figura de una rana, un icono de la ciudad que ha dado lugar a numerosas leyendas. La contemplación de la fachada y la búsqueda de la rana ha sido una tradición constante por parte de los turistas en los últimos siglos y Miguel de Unamuno llegó a quejarse de que “No es lo malo que vean la rana, sino que no vean más que la rana”.

2012-01-31 12.07.00La Universidad de Salamanca esconde fascinantes secretos

También hay un astronauta escondido en otro lugar histórico de la ciudad, pero es tradición no dar muchas pistas acerca de donde se encuentran estos ‘secretos’ así que cuando visitéis Salamanca prestad atención a las paredes para que ningún detalle se os pase por alto.

Placentero resulta también pasear junto al Río Tormes, que atraviesa la ciudad y que es un afluente de uno de los ríos más largos e importantes de España: el río Duero. Esa misma noche nos dirigimos a cenar a un sitio llamado ‘Pizza Movil’, en el que no nos trataron especialmente bien, motivo que nos llevó a emigrar hasta el súper más cercano (un Día) y acabar preparando las pizzas en nuestra propia casa.

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José Luis y yo posamos en un puente con poquita ropa ‘pa’ el frío que hacía junto al Río Tormes

La lluvia puede estropear muchos planes en invierno, así que tened en cuenta las previsiones meteorológicas para que no os suceda como a mí, que prácticamente al no poder salir de casa durante el segundo día de mi estancia no me quedó más remedio que refugiarme en uno de mis lugares favoritos de cualquier ciudad: el cine. José Luis y yo nos encaminamos a los cines Van Dyck y allí, tras comprar nuestras entradas a una pusilánime taquillera, pudimos ver una de las mejores obras cinematográficas de aquel año: Drive. Recuerdo que en aquel viaje hice amistad con el compañero de piso de JL (en teoría era un poco antipático pero tenía la Play 3 en el salón, que era lo que lo petaba por aquel entonces, le dije que si podía jugar e hicimos buenas migas retándonos en el Pro).

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El Pro es una buena manera de hacer amigos. Es fácil imaginar qué equipo llevaba yo y qué equipo eligió mi adversario.

También probé las hamburguesas más ricas de Salamanca, las que preparan en la Hamburguesería ‘Le Mans‘, un sitio pintoresco decorado con elementos de F1 y con una buena carta donde elegir. Si te gustan las hamburguesas lo avalo como un buen lugar para cenar.

Por la noche es fácil dejarse llevar por el ambiente y acabar el día de pub en pub hasta que el cuerpo aguante. De los muchos pubs por los que pasamos recuerdo con especial cariño el Barvel (cuyas paredes están decoradas con imágenes de Iron Man, Hulk y compañía) y el Paniagua, un lugar que perfectamente podría estar en Pedro Antonio y que tiene todo lo que se le puede pedir a un sitio de estos: buen ambiente, cerveza y futbolín. Era un lugar tan grande que, si no recuerdo mal, tenía dos plantas así que si vais de fiesta por Salamanca no dudéis en dejaros caer por allí 😉

Conclusión: Salamanca es una ciudad estupenda para gente joven y gente que se siente joven. Museos, cines, una de las Universidades más importantes de España, buenos sitios para comer y también para irse de fiesta. Tres días es una buena cifra para estar allí, sobre todo si después dejas sitio en la agenda para pasarte por otras joyas de Castilla y León como pueden ser Valladolid o Segovia.

Próximo destino: Almería

 

 

 

Hoy conocemos: Barcelona

Barcelona es la segunda ciudad más poblada de España y un destino multicultural en el que ciudadanos de todo el mundo se reúnen para admirar su belleza pues, entre otros muchos encantos, la capital de Cataluña es la ciudad más visitada de España y la casa de la Sagrada Familia, la obra cumbre del arquitecto español Antoni Gaudí (1852-1926).

La he visitado 4 veces y nunca cansa porque es una ciudad moderna, en constante movimiento, uno de esos lugares abiertos 24 horas para cualquier viajero. Cuando llegué al Aeropuerto de El Prat no solo me encontré con uno de los aeropuertos más limpios que jamás había visitado, sino que todos los baños olían a fresa y hoy en día (salvo que en los últimos meses de este 2018 alguien haya tomado una dramática decisión) ese aroma se mantiene.

Desde el aeropuerto es fácil coger un bus que te lleve hasta el corazón de la ciudad, que es Plaza Cataluña. El estándar en 2011 rondaba los 3-4 euros pero el nocturno (que solo operaba de 02 a 07 de la mañana) costaba solo 2 euros cuando lo cogí en 2012, quedándome gratamente sorprendido por la inesperada rebaja. De Plaza Cataluña, lugar donde vas a tener que pasear sí o sí, a Las Ramblas solo hay un treinta segundos de distancia (menos si pillas en verde el semáforo que une ambos lugares). En este enorme paseo podrás comprar libros, flores o souvenirs además de asistir a las obras de teatro más importantes del momento, que se suelen representar en los teatros que viven allí. A un minuto de las Ramblas está La Catedral de Barcelona (s. XIV), un templo que amo porque es una de las mejores obras góticas que tenemos en territorio español (me encanta el estilo gótico).

CHAO Y YOEn mi última visita a Barcelona conocí a Chao, una simpática chica taiwanesa que se vino conmigo a recorrer el centro de la ciudad. En la foto aparecemos en el inicio de Las Ramblas, con Plaza Cataluña al fondo.

A menos de un minuto de Las Ramblas otro de los destinos más frecuentados por los visitantes es el Barrio del Raval (barrio de músicos y artistas, que antiguamente era conocido como “El barrio chino”) y también el Mercat de la Boquería (Mercado de la Boquería), que es un mercado enorme en el que podrás comprar -entre otras muchas cosas- helados muy ricos y a muy buen precio.

heladosHelados ricos (y fresquitos) en el Mercado de la Boquería

En mi primera visita de Las Ramblas fui directo hasta la Playa de la Barceloneta, uno de los lugares más mágicos y más concurridos de la ciudad. Esta playa de arena fina tiene un paseo marítimo enorme por el que pasear es una experiencia sumamente agradable. El nivel de tranquilidad es variable y depende de lo que le apetezca al viajero, pues por allí siempre hay skaters, músicos y garitos donde tomar algo aunque aquel que no quiera ruidos puede pasear por la arena y dejarse llevar por el sonido de las olas que desaparecen en la orilla. El Hotel W es uno de los edificios más espectaculares de Barcelona y se encuentra en esta playa, aunque su precio (al tratarse de un hotel de 5 estrellas) es un tanto prohibitivo para la mayoría de los viajeros. No obstante, si vuestro presupuesto os lo permite no seré yo quien os diga que no paréis allí 😉

En Barcelona está una de las dos sedes del Museo Picasso (la otra está en Málaga, su ciudad natal). Si os gustan las obras de este andaluz universal la visita es obligada. La entrada me costó 7 euros en 2011, pero he de decir que salí más que satisfecho. Aunque si cometéis “el error” de viajar uno o dos días y solo tenéis tiempo de visitar una atracción cultural esa tendrá que ser La Sagrada Familia. El sublime templo diseñado por Antoni Gaudí aún está en construcción, a pesar de que las obras se iniciaron en 1882. Muchos viajeros creen que es la catedral de Barcelona, pero como ya hemos explicado antes no es así: la Catedral está en el Barrio Gótico y la Sagrada Familia está en la Calle de Mallorca. Esta joya del modernismo español es el monumento más visitado de España junto a La Alhambra de Granada y si os planteáis pagar la entrada o conformaros con echaros un selfie en la puerta, mi respuesta es tan rotunda como evidente: , suelta el dinero de la entrada y disfruta con cada detalle de esta maravilla arquitectónica que no encontrarás en ningún otro lugar del mundo. Aunque el arte “no sea lo tuyo”, será imposible no caer rendido ante tanta belleza.

2011-12-08 13.04.42Ahí ando yo posando en el interior de la Sagrada Familia muy cerca de una señora (a mi izquierda) que parece estar poseída en el interior del templo.

Otro de los lugares imprescindibles de Barcelona es el Parque Güell, abierto en 1926 y situado en el Monte Carmelo. Las vistas desde el interior de este parque te cortarán la respiración. Antes el acceso era gratuito y ahora han decidido cobrar entrada, pero aún así merece la pena ya que el parque no solo son jardines y ‘terrazas’ con vistas a Barcelona, sino que también tiene esculturas que harán que la tarde que pases aquí (recomiendo visitarlo por la tarde mejor) sea una de las más agradables de tu vida. Terminar el día bebiendo absenta en el Bar Marsella no es un mal plan (lo aconseja la Guía de Lonely Planet y es algo que acabamos haciendo mi colega Alonso y yo).

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Ver atardecer desde el Parque Güell es una experiencia maravillosa

A los amantes del fútbol no puedo dejar de recomendarles que se pasen por el Camp Nou, el campo del Barça, que es el estadio más grande de España y uno de los más grandes del mundo. Los amantes del arte lo que no pueden perderse es la Casa Batlló, edificio modernista de Antoni Gaudí que se encuentra en el céntrico Paseo de Gracia. Y los amantes de los animales sonreirán al saber que BCN es una ciudad libre de corridas de toros, por lo que allí no se maltrata a estos maravillosos animales.

Conclusión: Si Barcelona es la ciudad más visitada de España no es por casualidad. Ciudad moderna, joven, desenfadada… Las Ramblas y la Sagrada Familia son dos lugares innegociables. Visitarla como mínimo 3 días también debería serlo. Ver el Parc Güell, el Camp Nou o la Catedral Gótica seguro que también serán experiencias que te marquen y que te impresionen. Querrás repetir seguro.

Próximo destino: Salamanca

Literatura y Barcelona

Esta semana no he tenido tiempo de escribir antes un post con alguna recomendación ajena al blog, pero como mañana lunes hablaremos de Barcelona os aconsejo que le echéis un vistazo a este interesante artículo de Natinal Geographic sobre un proyecto literario en el metro de la capital condal, que esta semana se llenará de libros y de rosas para conmemorar el Día de Sant Jordi, que es el 23 de abril o lo que es lo mismo, el Día del libro en todo el mundo por ser la fecha en la que murieron Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/actualidad/metro-barcelona-se-llena-literatura_12606